[Lanadayyo]

Me ducho y miro largamente mi épsilon. La adoro. Mas de cuatro kilos menos desde que terminaron las vacaciones. Me pongo crema y recuerdo las que dejé allí. Me seco el pelo. Lloro un poquito. Reconozco que no lo hago tan bien, que no quiero aprender, que no tiene ni una mínima importancia como esté mi exterior. Me duele la piel por dentro. Te extraño. Quiero compartirme contigo…

[UnsábadoyBCNytú]

La soledad y yo nunca nos hemos llevado muy bien. Pero esto de saberte tan cerca, a solo unos kilometros en linea muy recta y ascendente, complica un poco más todas las sensaciones. Quería salir corriendo hacia ti y me he propuesto hacer todo lo contrario y he elegido caerme hacia el mar, un poco como siempre. Quiero estar contigo, llevarte a mi lado, pasear y ver las cosas a través de tus ojos que las conocen por primera vez. O enseñarte algunos rincones y contarte cosas como si fuera guía, usurpando profesiones con total falta de respeto, a veces inventándome lo que no sé o ya no recuerdo.

He salido de casa porque necesito que mi cuerpo se exprese un poco, ante todo: tanta inactividad y tan larga, mucha frustración por diferentes razones, esta pena que llevo dentro y que se me escapa en líquido a veces, incertidumbres, planes, impotencias. Y mi cuerpo está teniendo kilómetros para expresarse. He caído en la tentación de conectar la música, así que suena Chris de Burgh y solo repite frases del tipo ‘I miss you tonight’ o ‘this is my book of life’. No puedo dejar de pensar en ti y en lo que tu piensas, lo que estás decidiendo compartir más a fondo con tu psicoterapeuta, que es quien sin duda más te puede ayudar. A mi me gusta intentar adivinarte y después disimular que sé todas las cosas que te preocupan, que echas de menos, que te duelen y entristecen, además de todas las que te gustan y persigues un poquito en secreto.

He parado en un bar del frente marítimo que no es de mis preferidos. Una terraza cubierta con algunos fumadores locales y otros de importación, repartidos alrededor de una de esas estufas de diseño que ya me gustarían a mi para mi terraza. Algún día le daré todas las posibilidades a ese espacio, si es que llega el día y me apetece aún y sigo ahi. Estoy colgando en FBK unas fotos que reportan mis pasos. Lo hacía para que me fueras siguiendo y nunca caigo en la cuenta de que no puedes acceder. El mar está movido, hace algo de viento y se ha puesto a llover. Me apetecía algo caliente y escribir. Mi cuerpo también echa de menos esa forma de expresión. Una señora mayor pero de la zona alta levanta la voz para contarle tonterías a un señor que no puede ser su marido de siempre. Tienen un perro. Yo escucho a Chris todo el rato pero sé que ella habla alto. Puedo leerle los labios aunque no lo hago, solo a veces.

Quiero seguir caminando y leyendo y teniéndote y escribiendo y ya no quiero comer fuera. Me apetece ir a casa y prepararme algo que haga que me sienta bien por dentro porque el exterior, aunque tú no puedas verlo ni siquiera cuando me escudriñas desde muy cerca, tiene mal arreglo… He visto mucha gente correr que me ha dado envidia. Eso significa que están perfectos y no les duele ni molesta nada. La salud… También he visto mucha gente sola y parejas felices cogidas de la mano o del brazo. Extremadura, que tiene un sentido solo para mi, me ha escrito un rato y me ha hecho compañía. Tú también pero estás fiscalizada, así que te escribo este post desde el fondo de mi corazón para decirte que ni yo sé lo que sería capaz de dar a cambio de tenerte ahora aqui delante, mirándome de frente…

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[Confieso…]

…que he llorado, con el volante entre las manos y una canción. A veces, escuchas una canción y se convierte en una persona, en un lugar, en un momento. Como los olores y algún sabor intenso. Siento la piel tirante, a punto de estallar, llena de sensaciones. Y yo, convulsa por dentro. Convulsionando a borbotones, como si estuviera despertando de pronto de un retiro, un letargo, mi hibernación. Forma parte del proceso en el que estoy entrando con interés y mucho miedo, a partes iguales, como rompiendo fases y formas acomodadas de mirarlo y verlo todo. Confieso que te echo de menos cuando estás lejos y te retiras. Sé de mi empatía y ahora recibo mensajes nítidos de todo lo que estás viviendo, esperando, sufriendo, inquieta. No necesito que nadie me hable de tu miedo, tampoco que me cuentes directamente que te sientes sola, lejos, desorientada y asustada, apenas sin paciencia. Confieso que las fortalezas de ambas parecen no serlo tanto ahora, cada una por su lado, mutando a debilidades pequeñas, que en realidad no importan. Confieso que estoy aquí, que también lloro, que se me está haciendo todo tan largo, que se me come la impotencia por no poder cambiar nada, por tener que esconderme, por tener que negarnos, que me dan miedo tantas cosas aunque sepa que todo irá bien, que sobreviviremos tempestades e inclemencias porque somos supervivientes y afortunadas. Confieso que te quiero…

[ojalá] [inch’alá]

Creo que esperas este post, aunque no con las ganas con las que yo me enfrento a esta pantalla blanca. Han sido muchos días, de una intensidad tan grande, que hemos dejado hábitos, rutinas, gestos y manías a un lado. Por ejemplo, escribir. O algún momento de soledad. O un juego electrónico. No lo he echado de menos. Pero ahora vuelven las oportunidades como un bálsamo sobre una quemadura. Y mis paradojas contradictorias o mis contradicciones paradójicas en relación con la soledad. A veces, agradecida y buscada. Otras veces, pegada a la piel como sólo el miedo puede hacerlo.

Han sido días de intimidad y de convivencia, todas las horas y todos los segundos del día y de la noche. Días y noches de encajar las vidas diferentes, temiendo un poco los pequeños riesgos, los desencuentros, las diferencias y las renuncias o los reconocimientos de todo lo distinto que podría alejar y separar. Han sido días y noches de novedades y de conocernos en lo que nos quedaba todavía por saber, de ser especialmente cuidadosas para no dar por supuesto nada que pudiera perturbar o alterar el transcurrir perfecto del tiempo.

Si tuviera que hacer balance creo que decidiría que han sido unas vacaciones distintas a todas las demás, improvisadas, vividas hasta el último segundo, con todas las ganas y espíritu animoso y constructivo. He llenado tu espacio con algunas notas para ver de alargar un poco mi presencia, porque empáticamente reconozco la crudeza del momento en el que debas entrar en tu cama o en tu casa de la Sierra y recordar los lugares en los que han estado mis cosas: los enchufes en los que cargo mis devices, el rincón de mis botas de esquiar, las colas en la nevera, el cepillo con el que me secas el pelo, el lugar que ocupa mi maleta, mi almohada…

No es la primera vez que puedes con eso. Dios no quiera que el destino decida por nosotras que ha sido la última. Así que acabarás con una fortaleza tal que dará miedo acercarse a ti, cuando adquieras el hábito de echarme de menos. Dios tampoco quiera que estas separaciones se eternicen o sean regulares y periódicas. Ojalá la vida nos lleve a las dos a la vez a una ciudad con mar en la que podamos coexistir de la mejor de las maneras en función de todas nuestras circunstancias…

[Yoquiero]

Este momento se espera dos veces al año. Esta sensación la tengo en contadas ocasiones. Es un abanico de posibilidades, la espera de miles de instantes llenos de sentido, una vida distinta y provisional, temporal, como de fantasía. La mente llena de ideas, opciones, formas en las que invertir cada segundo persiguiendo hacerlo inolvidable. Porque la vida está llena de momentos definitivos que te acompañan el resto del camino. A veces son tan anodinos e imperceptibles, otras se toma conciencia de ellos casi antes de que sucedan, pueden ser conversaciones o miradas o lugares con una luz especial y la mente enredada en algún recuerdo. Mi frágil memoria tiene unos cuantos atesorados y los guardo como si fueran lo más valioso. Apenas sé de dónde van saliendo pero están ahí y a veces los repaso, con sonrisas o nostalgias o alguna lágrima… Este momento me apetece y estoy ansiosa y no quiero sentir remordimientos a pesar de no estar dónde he dicho que iba. Quiero despertar contigo una y otra vez… Quiero que seas inolvidable… Quiero quererte muchos días y hacerlos cotidianos y normales y que no haya prisas ni relojes avanzando… Quiero vivir cosas nuevas contigo y vivirte, completamente…

[Algunasveces]

A veces necesito escribir, aunque no tenga mensajes concretos que compartir o de los que dejar constancia, como siempre me ha sucedido. A veces me pongo a caminar un poco sin rumbo aunque luego elija siempre las mismas calles llenas de gente, no sé si buscando caras conocidas y amables o si huyendo de la soledad mal iluminada de las vías secundarias, que no son alternativa. A veces me pongo a llorar, un poco por el miedo a lo que ha de venir y cada vez está más cerca, un poco por esos momentos en los que me preocupan las incertidumbres y el no saber qué nos depara de cara al futuro. A veces te echo mucho de menos y es cuando me pongo a escribir, a caminar sin rumbo, a llorar, tomando conciencia del valor de un kilómetro o de lo que representan veinticuatro horas seguidas sin ti…

[Megusta]

Hay niebla. El paisaje a través de la ventana pasa a toda velocidad, borroso y en gris. Los cristales están sucios y es difícil ver con claridad. Siento la cabeza llena de cosas en las que pensar, igual que tengo cientos de papeles que leer. Y, sin embargo, no me apetece, lo aplazo, lo pospongo e incumplo, al final. Tengo pensamientos y recuerdos y sé que he vivido cosas que no puedo recordar con nitidez. Aplausos y música, abrazos y tu piel. Estoy parada en la estación de Zaragoza, viendo el tramo por el que tuvimos que correr y sudar por apurar demasiado los tiempos. Me sonrío, por dentro y por fuera. Es un recuerdo bonito, que quiero guardar para siempre. Es bueno tener recuerdos bonitos, por si vienen tiempos revueltos. No quiero anticiparme a la pena, igual que no quiero entretenerme en pensar lo que nos hiere, sin querer, de tantas negaciones y de tan reiteradas. No hay caminos alternativos y sin embargo sabemos que no es bueno para nuestra salud. Reconozco que me siento cómodo, muy cómoda, en mi piel cuando enlaza la tuya. Ahora no me repruebo ni me cuestiono ni quiero rectificarme. Ahora he caminado trayectos largos y sé quién soy, quién quiero ser cuando sea mayor. Puedo mirarme al espejo con dignidad y sin bajar la vista. Puedo tutearme sin tapujos, aunque sepa que queda mucho por recorrer. No siempre es fácil vivir la vida que queremos vivir completamente, cada día, para siempre. Me gusta la vida que llevo ahora, contigo. Un poco desordenada, movida, cambiante y tan nueva. Una vida a veces improvisada a causa de las circunstancias, que ahora no son mis hijos, como eran siempre antes. Una vida alegre y un poco como de ensayo de las cosas pendientes. Me gusta poder compartirla entera, desde mi día a día hasta mi pasado, que necesito revisitar para sentirme en orden; me gusta poder hacerte llegar mi nostalgia, mi añoranza o mi vacío por lo que ya no es o quien ya no está; me gusta hacerte saber de mis miedos por lo que ha de venir, en forma de incertidumbres y decisiones que se aplazan y se posponen. Aunque no puedas creerme, me gusta bromear acerca de nuestro pasado, en busca de un equilibrio compartido, sin intención de reprochar lo que ya vivimos. Necesito esa intimidad, la confianza de que todo está bien, la certeza de que no hay reproches que cruzar porque nos hemos comprendido y nos estamos comprendiendo…