[Megusta]

Hay niebla. El paisaje a través de la ventana pasa a toda velocidad, borroso y en gris. Los cristales están sucios y es difícil ver con claridad. Siento la cabeza llena de cosas en las que pensar, igual que tengo cientos de papeles que leer. Y, sin embargo, no me apetece, lo aplazo, lo pospongo e incumplo, al final. Tengo pensamientos y recuerdos y sé que he vivido cosas que no puedo recordar con nitidez. Aplausos y música, abrazos y tu piel. Estoy parada en la estación de Zaragoza, viendo el tramo por el que tuvimos que correr y sudar por apurar demasiado los tiempos. Me sonrío, por dentro y por fuera. Es un recuerdo bonito, que quiero guardar para siempre. Es bueno tener recuerdos bonitos, por si vienen tiempos revueltos. No quiero anticiparme a la pena, igual que no quiero entretenerme en pensar lo que nos hiere, sin querer, de tantas negaciones y de tan reiteradas. No hay caminos alternativos y sin embargo sabemos que no es bueno para nuestra salud. Reconozco que me siento cómodo, muy cómoda, en mi piel cuando enlaza la tuya. Ahora no me repruebo ni me cuestiono ni quiero rectificarme. Ahora he caminado trayectos largos y sé quién soy, quién quiero ser cuando sea mayor. Puedo mirarme al espejo con dignidad y sin bajar la vista. Puedo tutearme sin tapujos, aunque sepa que queda mucho por recorrer. No siempre es fácil vivir la vida que queremos vivir completamente, cada día, para siempre. Me gusta la vida que llevo ahora, contigo. Un poco desordenada, movida, cambiante y tan nueva. Una vida a veces improvisada a causa de las circunstancias, que ahora no son mis hijos, como eran siempre antes. Una vida alegre y un poco como de ensayo de las cosas pendientes. Me gusta poder compartirla entera, desde mi día a día hasta mi pasado, que necesito revisitar para sentirme en orden; me gusta poder hacerte llegar mi nostalgia, mi añoranza o mi vacío por lo que ya no es o quien ya no está; me gusta hacerte saber de mis miedos por lo que ha de venir, en forma de incertidumbres y decisiones que se aplazan y se posponen. Aunque no puedas creerme, me gusta bromear acerca de nuestro pasado, en busca de un equilibrio compartido, sin intención de reprochar lo que ya vivimos. Necesito esa intimidad, la confianza de que todo está bien, la certeza de que no hay reproches que cruzar porque nos hemos comprendido y nos estamos comprendiendo…

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