[Undomingofríoquellueve]

A mi me gustan estos días de quedarme en casa, sin nada que hacer. Al principio me da vértigo pensar que será largo y no habrá llamadas ni prisa ni esperas. Pero luego los lleno de cosas y me entristece que terminen. Esa tristeza comienza a eso de la media tarde, cuando oscurece. Hoy hace viento y suenan las campanitas de la terraza, que hacen compañía. Y llueve, a ráfagas, todo el día. He podido hacer aquellas pequeñas cosas que me había fijado como objetivo y he pensado abundantemente. En cosas que me hacen feliz, para compensar un poco las que me devastan por dentro y por fuera. He tomado alguna decisión acerca de mi misma y me he propuesto retomar algunos hábitos saludables y limitar lo que me perjudica. Así que voy a volver al agua, a diario y limitaré la ingesta de vino para que pueda beberlo solo ocasionalmente. Ayer recibí una charla objetiva acerca de lo perjudicial que puede ser el exceso y el pertinente recordatorio de que mi genética va en mi contra. Le he tomado la mano, caliente, a mi madre varias veces y nos hemos hecho compañía, a veces en silencio, a veces oyendo sus preocupaciones. Hemos conseguido que se detuviera el espasmo nervioso pero eso no significa que la guerra esté ganada. He dormido sobre las piernas de mi hija. He echado de menos, también, a quién no podía estar conmigo, compartiendo la manta, el nada que hacer, las ganas de detener el tiempo…

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