[túeresMadrid]

Todo tiene ciertas rutinas. Como dejar esta ciudad. Todo comienza al bajar del coche, con el cuerpo medio roto de la pena, la falta de palabras, el nudo en la garganta. Darme prisa para llegar al control de acceso en rampas llenas porque nunca sobran los minutos. Deshacerme de todas las cosas para que pasen por el scáner y no pensar. Buscar la vía 2 o la 3, alguna vez la 5, como hoy. Encontrar mi sitio, instalarme, como siempre: bajar el reposabrazos y el reposapiés, enchufar el teléfono y bajar la mesita. Esperar la prensa, mirar fugazmente a través de la ventana, luego una bebida. Leer. Todo a golpes, entre emociones intensas y la pena de alejarme. Se disparan las alarmas que avisan que la distancia es difícil, que habrá que emplearse a fondo y formatearlo todo para ver la parte buena, enorme, gigante, que conlleva. Pensar que le vida es imprevisible, que no hay nada inalterable, que nadie es imprescindible y que es inútil pensar que podemos intervenir para cambiar las cosas. Me voy con el alma triste, como si me arrancaran una parte de mi y se me va comiendo la impotencia, la de no poder alargar mi estancia, la de ver pasar los días con algo de miedo, como el que siento ante lo que estoy sintiendo.

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